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Ocio, Turismo y Recreación: por Roberto Boullón (extraído del libro)

Una vez resuelto el aspecto económico (del individuo y/o del estado), sin el cual la instalación y el acceso a los servicios turísticos y recreacionales están fuera de su alcance, para que la experiencia del turismo y la recreación sea satisfactoria, es necesario que el sistema ofrezca un programa de actividades acorde con las necesidades psicológicas del hombre actual.
Después de los sistemas de trabajo y de la duración de la jornada laboral, implementados en el siglo XIX, los trabajadores de todo el mundo iniciaron un proceso de conquistas sociales que culminó, entre otras cosas, con un aumento del, tiempo libre. Este mayor tiempo sin trabajar es una de las tres razones que ha permitido el posterior crecimiento y el desarrollo del turismo

Tiempo libre, turismo y recreación.
Como los tres términos están estrechamente relacionados, se explicarán en conjunto. El tiempo libre es lo que queda después de quitarle al tiempo total el dedicado al trabajo, al descanso y a otras obligaciones secundarias, como son desplzarse al trabajo, aseo personal, y las tareas domésticas. Por su parte, el turismo y la recreación son dos formas distintas de uso de tiempo libre.
A partir de esta distinción, que por su simplicidad es ampliamente reconocida, nacen distintas interpretaciones de los términos turismo y recreación, que varían según el ángulo desde el cual se les enfoque.
Si se toma el hombre como referencia, es posible que un punto de vista lo reduzca a las cantidades que resultan de cuantificar la demanda, y otro, lo reconozca como una persona que usa los espacios turísticos y recreaciones, para realizar actividades que le permiten consumir su tiempo libre de un modo satisfactorio.
Otra interpretación es la que coorresponde a las definiciones tradicionales que califican al turismo como el resultado del desplazamiento del hombre más allá de su domicilio, por períodos superiores a las 24 horas, hasta un límite máximo, que algunos fijan en 90 días y otros en 180, siempre que no sea para participar en el mercado de trabajo del destino.
En este marco que simplifica el fenómeno para facilitar su medición estadística, la definición de recreación dice lo mismo, con la única diferencia que limita el plazo de permanencia fuera del hogar a un tiempo menor a las 24 horas.
Además de los comentarios anteriores, falta mencionar que el turismo es un fenómeno social que por un lado es producto de otro fenómeno social: el tiempo libre institucionalizado, y , por el otro, del progreso tecnológico de los sistemas de transporte durante el siglo XX.
La recreación, en cambio, acompaña al hombre desde sus orígenes, porque es una manifstación natural del ser, imprescindible para que éste conserve su equilibrio psíquico. El turismo es prescindible, la recreación, no .En ambos casos, el hombre tiene a su disposición el uso del tiempo libre institucionalizado, está en él y en la sociedad que dicho uso sea satisfactorio.
Una vez resuelto el aspecto económico (del individuo y/o del estado), sin el cual la instalación y el acceso a los servicios turísticos y recreacionales están fuera de su alcance, para que la experiencia del turismo y la recreación sea satisfactoria, es necesario que el sistema ofrezca un programa de actividades acorde con las necesidades psicológicas del hombre actual.
Después de los sistemas de trabajo y de la duración de la jornada laboral, implementados en el siglo XIX, los trabajadores de todo el mundo iniciaron un proceso de conquistas sociales que culminó, entre otras cosas, con un aumento del, tiempo libre.
Este mayor tiempo sin trabajar es una de las tres razones que ha permitido el posterior crecimiento y el desarrollo del turismo.
Las otras dos son la disponibilidad de recursos económicos para pagar los gastos de un viaje y la existencia de medios de transportes y facilidades para trasladarse y permanecer en los lugares de destino.
Es interesante comprobar que parte del tiempo libre es consumida en turismo y qué acontece con el resto de ese tiempo.
Si se estima lo suficientemente exacto como para tener una idea que permita una respuesta satisfactoria a esta pregunta, podemos decir que la vida de un hombre económicamente activo y no desempleado, que habita en una gran ciudad se distribuye así:
 Trabajar 21,7 %
 Dormir 33,3 %
 Comer entre semana 5,4 %
 Higienizarse y vestirse 4,2 %
 Viajar al trabajo 4,1 %
 Obligaciones domésticas 2,0 %
 Tiempo libre entre semana 8,2 %
 Tiempo libre en fines de semana17,2 %
 Tiempo libre de vacaciones 2,6 %
 Tiempo libre de días feriados 1,3 %
Si aceptamos que el turismo sólo se puede realizar durante los períodos de vacaciones y durante algunos pocos fines de semana largos, en aquellas ocasiones en que algún día feriado cae cerca de un sábado o domingo, pero que la mayor parte del tiempo libre está distribuido entre las horas entre semanas, fin de semana y días feriado, debemos decir que esos días y esas horas no pertenecen al turismo, sino al campo de recreación.
Sin embargo, al revisar el equipamiento de las grandes ciudades y los programas oficiales y privados, destinados a la recreación, comprobamos que están muy por debajo de las necesidades de la población, si se cuentan todos los estratos socioeconómicos que la componen.
Un principio de solución del problema podría ser si los gobiernos municipales, las organizaciones obreras, las entidades vecinales y todo tipo de núcleos sociales interesados en mejorar la calidad de vida, participaran activamente sumando sus esfuerzos para obtener resultados palpables.
En la realidad es muy poco lo que hay como hechos cocretos de lo que cada uno de esos actores aporta. Las causas de tan escasa contribución son distintas.
En el caso de las autoridades municipales, los presupuestos limitados, con que cuentan, que apenas alcanzan para mantener en funcionamiento los servicios urbanos, hacen casi imposible la realizazión de obras para la receración gratuita de los ciudadanos.
Un ejemplo basta para indicar su insuficiencia en este sentido: la disminución progresiva en las grandes ciudades de los estándares de espacios verdes por habitante urbano. Lo mismo se da con los cines, centros deportivos y otros lugares recreacionales al alcance de los pobres.
En contraposición con los espacios verdes, las vecindades, los pueblos jóvenes y las villas miserias, aumentan cada vez más y con ellas crece el número de bares y cantinas, como si esa fuera la única alternativa recreacional que las sociedades latinoamericanas ofrecen a la mayoría de sus hombres: emborracharse en lugares sórdidos.
Por su parte, los organismos oficiales de turismo no tienen en cuenta la recreación, básicamente porque la búsqueda de solucuiones tan importante del tiempo libre cae fuera del campo de sus atribuciones funcionales.
Al bienestar social le ocurre algo similar a lo que le sucede a las municipalidades y organismos de turismo: por un lado su presupuesto es insuficiente para resolver los mil problemas mayores que aquejan a las ciudades de los países subdesarrollados, y por el otro, como la recreación no es considerada una necesidad básica cae fuera de su esquema adnministrativo.
En cuanto a los organismos encargados de la promoción deportiva, éstos se ocupan más que nada de organizar eventos para los más hábiles, sin advertir que el deporte es una necesidad mayor para los débiles que para los fuertes.
Por su parte, unas pocas organizaciones obreras y vecinales, esporádicamente organizan algunos encuentros de tipo recreacional, pero su efecto es tan pequeño que pasan inadvertidos.
Si la recreación , a pesar de su mayor importancia relativa, no está resuelta, el turismo tampoco funciona como un servicio a disposición de todos los consumidores potenciales, porque una gran parte de éstos no cuenta con el suficiente poder de compra como para acceder a él, así como no lo tienen para poder comprar otros bienes y servicios tanto o más necesarios que el turismo.
Quiere decir que por una razón u otra, sólo una parte de la población tiene acceso al turismo y a la recreación. ¿Qué sucede pues con ese tiempo libre que no puede ser utilizado con el fin para el que fue creado?.La respuesta es simple: se pierde.
Por tanto, y sin demasiado análisis, podemos decir que sólo aquellos que pueden utilizar voluntariamente sus horas de tiempo libre, en tareas distintas a las de su trabajo habitual (las que se hacen por el mero placer de hacerlas o las que dedican para pasear o divertirse) están practicando el ocio.
El resto, que es aquél que pierde parte o todo su tiempo ,.libre, sufre los inconvenientes derivados de esa pérdida y aún otros mayores que la pérdida misma, opero derivados de ella: alienación.
Como la población urbana es la que tiene acceso al tiempo libre institucionalizado, también es la que sufre las consecuencias de no poder usarlo y porque estas consecuencias no son tan simples como la pérdida cuantitativa del tiempo es que merecen un análisis especial.

Extraído del libro "la Revolución del tiempo libre". Autores varios, Edit Janus (1966)
Trabajo y ocio en el "segundo siglo XX" por George Friedman
Los aspectos tradicionales del trabajo se han tansformado profundamente: algunos han sido suprimidos por los transtornantes progreso de las técnicas, y otras están en vías de desaparecer o de cambiar radicalmente.
La media semanal de la jornada de trabajo individual (duración "extensiva", según la expresión de Marx, transformada por la racionalización en duración "intensiva") que se elevaba en Estados Unidos, en 1860 a unas 70 horas, había pasado un siglo después a 37 horas.
En 1965, la principal reivindicación de los sindicatos norteamericanos es la semana de 30 horas.
Para Francia, en 1860 y 1960, estas cifras eran respectivamente de 85 y 48 horas. En la actualidad, como se sabe, en varias importantes ramas de la industria francesa, esta cantidad se redujo sensiblemente.
Este movimiento está lejos de haber terminado y muchos observadores de nuestro tiempo prevén que se precipitará en un futuro próximo.
No alcanza sólo a la industria, sino también progresivamente, al comercio, la oficina, y en las regiones más mecanizadas, hasta la agricultura "industria productora de alimentos", tal como profetizara en 1925 Henry Ford.
Todos los países económicamente evolucionados siguen la misma progresión cualquiera sea su régimen, capitalista o socialista, comprendida Rusia, pero no aún la China: hay allí un índice que diferencia a las sociedades en "vías de desarrollo" que pertenecen más o menos completamente al tercer Mundo.
La sustancia del trabajo no se ha transformado menos. Lo que parece más impresionante, desde este punto de vista, en la civilización técnica, es la relativa disminución de las tareas de ejecución que exigen de parte de los obreros, una intervención física y especialmente manual.
El obrero tradicional, que operaba sobre materiales, aplicando a la utilización de su máquina cualidades aún artesanales, predominan tareas manuales más o menos calificadas. Estas, de aquí a algunos decenios, ¿serán tan solo un recuerdo?.
El obrero, en la industria de nuestros días, es a menudo (y lo será cada vez más) un operador que emite y recibe señales audiovisuales. En las cadenas de ensambladura (existentes aún hoy, pero pasadas de moda), el obrero llamado "especializado", no es sino un "tapa-agujeros" de la mecanización.
En EEUU la vigilancia sin actividad motriz ocupa 39 horas sobre 40 por semana. Queda un total de 60 minutos para intervenciones que consisten exclusivamente en reacciones a señales: registro de una lectura sobre un cuadro, uso de palancas, botones, pedales, llamadas por interfonos y teléfonos.

Se necesitarán términos nuevos Nuestro "segundo siglo XX" tiene entre otros caracteres, el de ser una época en la que realidades nuevas exigen términos nuevos.
Una partitura de la música serial puramente cerebral, dirigida exclusivamente al intelecto analítico y no a la sensibilidad, pregunta, ¿puede ser designada con el mismo término genérico que una obra de Scubert?.
Un cuadro no figurativo y cuyo autor se expresa por medio de cajas de fósforos, de frascos de farmacia, de arpillera, de alambres estirados sobre clavos, etc., ¿puede (cualquiera sea el valor estético que le atribuya) ser llamado todavía "cuadro" y ser expuesto en una exposición de pintura?.
De igual modo ¿no serían necesarias otras palabras que obrero y hasta trabajo para no confundir las actividades (o en actividades) y las responsabilidades de los vigilantes de equipos automáticos con la de los obreros tradicionales?.
Hay que mencionar las telemanipulaciones o manipulaciones a distancia, de uso creciente.
Recordemos las transformaciones en el sector terciario de los servicios los rápidos progresos de la automatización y la mecanización, que tienden a formar las tareas de ejecución de aquellos y aquellas que allí trabajan.
El progreso técnico no sólo es una marcha irrenunciable contra la que es insensato rebelarse, es el camino de la sobrevida y el florecimiento, a condición de que movilice todos nuestros recursos intelectuales y morales.

El trabajo destinado a desaparecer El observador tiene el derecho de preguntar como se comportará la raza humana, si hallará su equilibrio y desarrollará su personalidad en un mundo en el que habrá desaparecido la forma tradicional de trabajo.
Debe darse crédito al progreso técnico que suprime cada vez más tareas degradantes para conceder su valor y proclamar que si un oficio es beneficioso para quien lo realiza la desaparición del trabajo fraccionado es un bien irreversible.
La mayoría de los hombres y mujeres empleados en las tareas de ejecución, el trabajo, en el sentido tradicional de la palabra esta destinado a desaparecer.
En los niveles medios las funciones de éstos son desarrolladas por las máquinas electrónicas y las tareas técnicas calificadas de las profesiones liberales ( ingenieros, médicos , arquitectos) es transformada por el proceso técnico y la especialización.
La gran mayoría de la población de una sociedad industrial, en rápido crecimiento a consecuencia del impulso demográfico, no podrá ser reconvertida a esas tareas privilegiadas.
¿Qué será de la vida de la masa de hombres y mujeres para quienes el centro de gravedad de su existencia no estará más en el trabajo sino fuera del trabajo?.
El "ocio" ¿Puede reemplazar al trabajo como centro de equilibrio personal y ser foco de satisfacciones en la vida humana?.
¿Puede el ocio poseer las virtudes psicológicas y morales de un trabajo elegido en función de las aptitudes de un individuo que comporta interés, compromete la personalidad, asegura su desarrollo, y en los mejores casos, su plena expansión?.
¿Puede hablarse de una "civilización" de los ocios?.
Existen formas inéditas de desocupación crónicas que alcanza a un porcentaje de la población activa. Esa desocupación estructural no será absorbida por los medios clásicos pues manifiesta que por la revolución cientifica de la automatización y de la energía, no se podrá poner a trabajar a una poblacion entera, empleada íntegramente en producir y consumir lo que produce.
Se trata de un "margen liberado de productores". ¿En qué ocuparlos socialmente? Hay que inventar para ellos fuera de toda actividad profesional, una distribución de renta que no esté ligada al trabajo productivo y medido por él.

HACIA LA JORNADA DE CUATRO HORAS Existen muchos signos contrarios a una redistribucion igualitaria del empleo entre todos lod miembros de la sociedad.
De un lado, la multiplicación en la industria de las horas extras ( reclamada por aquellos que son los beneficiarios), la extensión de los segundos empleos y del trabajo "negro" en el transcurso de las horas liberadas por la reducción de la duración semanal del trabajo principal.
Del otro un "margen liberado" de productores, es decir, una desocupación estructural.
En resumidas cuentas, las soluciones de esas dificultades, agravadas si se instaurara una jornada de 4 horas, depende de la aptitud de las sociedades industriales para dominar la cultura de masa que tiende a invadir el "tiempo liberado" por el progreso técnico.
Los hombres y mujeres están expuestos durante períodos más largos a la prensa, revistas, televisión, filmes, radio, historietas, que lo inundan de lor peor, sin que hayan recibido, por medio de la educación, los medios para elegir.
El ocio, en una nación poblada de ciudadanos libres, es esencialmente libertad. Pero ¿debe la democracia conservar una actitud de dejar hacer cercana a una anarquía?.¿No debe, frente a los efectos del marketing, extender el sector público de los ocios educativos, orientado por programas y valores selectos, multiplicando las instituciones de recreo, bibliotecas, museos, conciertos, representaciones teatrales, cines de arte, TV educativa,etc?.
La civilización del ocio obligará a las sociedades más evolucionadas a asumir sus responsabilidades ante las ricas posibilidades, pero también los riesgos que contienen para el equilibrio y la dignidad del individuo, portador de una cultura de masa.
Las sociedades de abundancia estarán obligadas a elecciones: elección en las inversiones y servicios culturales, 'despotismo ilustrado" en el sector público de los ocios educativos. ¿Cómo intervenir sin una dosis importante de autoritarismo de planificación a escala nacional?.
Los sociólogos están más preocupados que los economistas....